viernes, 20 de abril de 2018

Arbeyales - La Mesa - Saliencia (14 abril 2018)

El Parque Natural de Somiedo contiene un poco de todo el rural asturiano: montañas, aldeas, brañas y bellos paisajes. Con la añadidura de que, por su relativo aislamiento, conserva con autenticidad sus esencias más que otros parajes más conocidos (y visitados) de Asturies.
Es el parque natural más antiguo de la región norteña y está declarado reserva de la biosfera por la Unesco, ya que representa uno de los últimos refugios para osos y urogallos de la Cordillera Cantábrica.
Y qué belleza en los valles y en las cumbres, modelados por el hielo y la roca durante la última glaciación, y cuyas nieves perpetuas -hoy extintas- dejaron como recuerdo diversos lagos glaciares en la comarca.
Aunque con lo que nevó este invierno, durante la excursión de hoy casi casi nos encontraremos con algún glaciar jeje. Estoy exagerando: queríamos nieve, pero ya sinceramente estamos algo hartos. Nuberu, deja ya las borrascas y el frío hasta el otoño por favor.


Después de la obligatoria parada en Belmonte para desayunar en el Gran Hotel Cela, donde nos tratan siempre exquisitamente, tomamos la carretera que lleva al puerto de la Farrapona. El autobús negocia como puede cada curva y cada piedra caída en la carretera (con las últimas lluvias parece un campo de minas). Curva, curva y luego otra curva más. Alguno de los integrantes del grupo se está poniendo blanco. Otros toman un color más bien verdoso (el fabuloso desayuno del Cela pugna por volver por donde previamente entró). Aunque soportaremos el mareo: el día soleado y muy primaveral, perfecto para los paisajes somedanos, compensa el mal trago y agrada nuestra vista -y nuestra alma-.

Arbeyales - Brañas Saliencia - Camín Real de la Mesa - Saliencia

Ya en el valle de Saliencia, a medio camino de la subida a la Farrapona, nos apeamos en la bonita aldea de Arbeyales para arrancar la jornada de hoy subiendo la foz de La Güérgola, camino con escalones empedrados que atraviesa el desfiladero del reguero Murias, comunicando la aldea con las brañas de Saliencia y el Camín de la Mesa.

Paso a paso, piedra a piedra, por la la foz de La Güérgola

Se está muy fresquito a la vera del arroyo y a la sombra del desfiladero, pero al llegar arriba el paisaje se abre al sol, al "calor" y a las espectaculares brañas de Saliencia. Una braña es un pastizal de montaña para alimentar al ganado en verano, y tiene cabañas donde los pastores y sus animales se refugian. Estas cabañas en Somiedo son los Teitos, con la particularidad de que su cubierta es vegetal (dura varios años y en su construcción se emplean diversas técnicas, oficios y materiales naturales).

Braña somedana con sus teitos, y al fondo sierra de los Bígaros (2054 m)

Teito

Estamos solos y nos acompañan sol, nieve, montañas escarpadas... ¡guau! Es posible que algún oso estuviera cerca, pero el bello silencio se extinguió con nuestra llegada y sólo acertamos a divisar algunos rebecos que, con perdón, pierden el culo al vernos. O al oírnos mejor dicho.

La paz y el silencio no duran siempre

Después de atravesar muchas brañas, a cuál más guapa, vamos ganando altura para enlazar con el Camín Real de la Mesa en el alto de la Magdalena. Esta vía atraviesa la cordillera comunicando Asturias con la Meseta desde tiempos inmemoriales, y fue usada por astures, romanos, moros y, en tiempos más recientes, por los vaqueiros de alzada para realizar la trashumancia. Estamos a una altitud respetable y aparece la nieve. Hay mucha y está blanda, primaveral, pegajosa. Va a ser duro caminar por ella. Pararemos a comer y luego ya veremos qué hacer...

Comiendo en el alto de la Magdalena (1550 m)

Podemos dar la vuelta pero queremos completar la ruta prevista, con más y más nieve. Nos gusta complicarnos la existencia. Continuamos entonces, haciendo la digestión subiendo a la braña de la Mesa, siguiendo el Camín como buenamente podemos, oculto por el manto blanco, buscando los jitos de piedra que aparecen desperdigados por aquí y por allá. Esta braña tenía una venta (según Jovellanos), y es la última antes del puerto, por el que se seguiría hacia Torrestío, luego León y siguiendo una antigua cañada, hasta el puente Lavandera en Cáceres.

El Camín subiendo hacia el colláu del Muru (1680 m)

Braña de la Mesa (1700 m). Al fondo el puerto (1780 m). Más allá el infinito, digo León

Por fin toca bajar hacia el valle y dejar atrás la nieve. El sol, reflejado por los mil y un espejos del hielo, torna la cara blanquecina de algunos hacia el rojo pasión. Mira que os digo siempre que echéis cremina. Yo también la olvido, y así puedo lucir un precioso brazo moreno de camionero. Esta noche el roce de las sábanas hará que mis palabras resuenen en vuestra cabeza: "echad creminaaa...". Tomamos la foz de los Arroxos, espectacular desfiladero tallado por el río homónimo, o quizás por algún cíclope que hubiera tenido un mal día. Y al final un bonito bosquete de robles antes de llegar a la carretera, para acabar en Saliencia.

Foz de los Arroxos. Vaya día que tuvimos, ¿eh?

Cansados, quemados, felices. Somiedo es un lugar de ensueño, y en buena compañía presta mucho más. En la siguiente ruta más Somiedo todavía (lagos de Saliencia y los Albos). Pero eso ya será otra historia. Bienvenido de nuevo Giacomo, y... ¡nos vemos en la próxima!

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miércoles, 11 de abril de 2018

Susarón (10 marzo 2018)

Parece que el Susarón nos la tiene jurada. En 2015 no pudimos con él, y nos conformamos con rodearlo usando la senda la cervatina. Después lo pospusimos en un par de ocasiones por nieve y mal tiempo.
Somos muy cabezotas, y tres años después allá vamos convencidos de conquistarlo en este 10 de marzo de 2018, para darnos de lleno con la borrasca Félix escupiéndonos su ira en la cara con una ventisca de hielo.

Susarón (1879 m)

Partiendo de Oviedo, y echándonos a la carretera como siempre, cruzamos la Raya -el pueblo más alto de Asturias a 1520 metros- a mitad de camino del precioso puerto de San Isidro, terminando en Puebla de Lillo. El mundo al revés: sol en Asturias, totalmente nublado en León.

Nuestro plan: parece sencillo, no lo fue tanto

Tomamos la pista de la cervatina (PR-LE 28), y al poco la abandonamos en la Tejera para afrontar una preciosa canal, que en condiciones normales es asequible, pero con la nevada caída durante el invierno nos complica la subida.

Brasileiros en la canal. Joga bonito!

Completamos la canal como buenamente podemos y nos tomamos una breve pausa en el collado previo a la ascensión. El día está feo, con frío y viento, y no lo tenemos claro: ¿subimos? ¿lo posponemos otra vez?. NOOOOO. Si nos pusieran una pared delante la atravesaríamos a cabezazos.

Nos sentimos fuertes y confiados, y le echamos una partida al Susarón, que nos ve la apuesta. Pero siempre es la montaña la que elige el momento, y quizás este no era el más propicio. Algunos miembros del grupo nos esperarán prudentemente abajo, y otros que no deberían haber subido, lo intentan.

En procesión por la bella arista del Susarón

Subimos por la cara Oeste acercándonos a la bella arista de la montaña, muy rápido algunos, más despacio otros, cada uno a su ritmo, alargando el pelotón hasta ir en fila india, y llegamos a la cumbre. O mejor dicho, a la precumbre. Hay un paso malo y peligroso con la nieve, que es mejor no cruzar.

Entonces el monte se enfada por nuestro atrevimiento, y llama a su amigo Félix que pone sobre nuestras cabezas una ventisca de hielo con aires gélidos y muy potentes. Empezamos a bajar veloces, pero la piedra empapada hace que cada paso sea un calvario al tener que extremar las precauciones y el equilibrio. Mientras tanto, los que quedaron abajo se quedan helados al no moverse.

Los más ágiles bajan deprisa, pero el cierre del grupo avanza muy despacio al tener que ayudar a varias personas. Al fin, y tras más de dos horas de pasarlo mal, mojados y con las manos muy frías, nos reagrupamos todos en la pista para retomar la cervatina y volver a Puebla de Lillo.

En el bosque de la cervatina, rodeados de pinos y melojos

Después de la tormenta siempre viene la calma, y llegando al pueblo un tímido sol nos alegra un poco la piel y el corazón. Más tarde, al calor de la lumbre y de la barra del bar, nos vuelve la sonrisa y el buen rollo de siempre.

Hay días mejores y peores, en la montaña nada es seguro. Siempre siempre hay que ir con prudencia, no confiarse y ayudar a los demás. Mamá Pato sufrió un poco, pero está aliviada de llevar a sus polluelos sanos y salvos a casa. Un abrazo grande a Álvaro por su inestimable ayuda y a todos los que, aun pasándolo mal, se lo tomaron con buen humor. Unas sidras en Oviedo, y nos veremos después de Semana Santa...

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