G. M. Uniovi

Grupo de Montaña de la Universidad de Oviedo

Nos apasionan las montañas

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miércoles, 12 de enero de 2022

Brañavalera (18 diciembre 2021)

El día de la "cena de Navidad" siempre es un día muy prestoso... Puede ser más o menos pero ya nos movemos en valores muy altos de prestosidad con lo cual tenemos un día muy emocionante asegurado.
Tanto es así que madrugamos ilusionados.
Todo es de colorines... No solo hay ruta, hay ruta, amigo invisible, cena y fiesta ¿Qué más se puede pedir?

Hay que añadir otros detalles como que cenamos como en casa gracias a nuestro amigo Avello y su familia, que también es un día de reencuentros y de despedidas... Esta vez despedimos a nuestras queridas Anayeli y recientemente Katja. Despedidas tristes pero siempre bonitas y emotivas. Os deseamos toda la suerte del mundo chicas, aquí os esperamos con muchos abrazos por ofrecer.
En definitiva, un día de muchas emociones en un corto lapso de tiempo. Pero nos gusta y mucho.
El dinero comprará muchas cosas pero amigos la felicidad nunca, la felicidad plena se alcanza en momentos como estos en los que se alinean los astros para reunir a un puñado de amigos a los cuales echamos mucho de menos... 

Este año las cosas se complican y la situación nos impide hacer cena en nuestro lugar favorito para ello: El café Victoria regentado por nuestro anterior guía y gran amigo Avello.
Por otro lado, nos faltan habituales visitas navideñas de más allá de nuestras fronteras astures, les vamos a echar de menos pero los esperamos con los brazos abiertos, las sidras enfriando y mucha ilusión, maldita pandemia. Confiamos en que la situación mejore y vuelvan más pronto que tarde a su segundo hogar... 

¡Guaja, centráte!
¡Ay, si!
La ruta... 

Volvimos a Brañavalera y sinceramente... Cada día está más hermosa ¿Será como el buen vino? ¿Se arregla para nosotros? ¿Es mi criterio que dista mucho de ser objetivo? ¿Es el manto de Peña Rueda que todo lo adorna? 

Peña Rueda
 
Lo cierto es que apostar por Brañavalera es siempre caballo ganador, si a eso le sumas nieve, regalos, espíritu navideño, comida, vistas increíbles, sol, reencuentros y celebraciones tienes un cóctel exquisito y eso es lo que tuvimos el Sábado... La traca final justo antes del descansín navideño.
Hoy no paramos a desayunar... Los días son cortos y vamos a hacer un picnic navideño.
Comenzamos la ruta en el aparcamiento de la Cobertoria al margen izquierdo de la carretera, llaneamos por pista hasta comenzar un ascenso en el que se mezcla la nieve y el barro congelado. Caminamos lento durante aproximadamente 4 kilómetros hasta atravesar un hayedo. Miramos hacia abajo y vemos los hayucos que desplomados yacen sobre una compacta capa nieve. 

 
Recordamos que estamos a punto de llegar a una zona húmeda y sombría en la que la escarcha y el hielo nos pueden jugar una mala pasada como en el 2018. Parece ser que hoy esa zona concreta está "limpia" de hielo y nos permite avanzar con más aplomo. Como ganan los paisajes cuando están nevados... Una curva más y el collado.
Mirador brutal a las Ubiñas con Peña Rueda liderando, los huertos del diablo a su derecha.
Y a su izquierda destacando el Tapinón, Siegalavá, el Fariñentu, los Fontanes...
Cómo nos gustan las Ubiñas. A su lado la sierra de Sobia parece raquítica y ya no digamos nada del Gorrión, la Forcá, Peña Alba y compañía. También nos saludaba Peña Santa y su manto blanco. 

Las Ubiñas y mamá pato
 
Como cada vez que vemos montañas comentamos la próxima que nos gustaría visitar. Cada uno a su nivel, unos hablan de integrales y no precisamente como concepto matemático, otros hablan de travesías entre valles, otros de montañas que no conocen y que les llaman insistentemente, otros de zonas en las que perfeccionar la escalada, otros de comer con vistas un platín de la abuela en el refugio y otros de caras por las que no ascendieron algunas cumbres clásicas.
Está claro que hay muchas maneras de disfrutar la montaña, todas válidas y geniales porque está claro que lo que nos une es el amor, respeto y admiración hacia ellas.
Suspiramos en una mezcla de pena y emoción. Ojalá tener más días libres...
No obstante, qué afortunados somos por poder vivir estos instantes... 

Pico Biolosu (1451 m) y GM Uniovi

Estábamos en el Collado y había que decidir a cuál de los dos mini picos subíamos porque ya habíamos descartado Brañavalera por no robarle más tiempo a nuestro posterior picnic.
Decidimos subir al pico Biolosu de 1.451m para poner allí un belén de cumbres biodegradable y un tanto peculiar y especial como nosotros. Una especie de Palacio de Congresos de Calatrava como estructura, unos reyes con forma oval y hasta un pingüino... Sois grandes chicos y Javier más. 

Belén de cumbres biodegradable y calatravinesco
 
La bajada fue lenta y complicada por el hielo, más de un resbalón, algunos con estilo, otros no tanto... Pero todo bajo control, el compañerismo siempre presente. Finalmente conseguimos llegar al autobús, cambiarnos, comer y entregar el regalo a nuestro amigo invisible.
¡Qué ilusión! 


Especial mención a nuestro jefe supremo Raúl que aún con ciática hizo la ruta sin queja, con una sonrisa en la cara y robándonos unas cuantas sonrisas a los demás cuánto tenemos que agradecerle.
Pasadlo bien en estas fiestas y os deseo una feliz vida, ahora toca pasar tiempo con la familia y como para mí vosotros también sois parte de mi familia espero veros antes de la costera.
Sea como sea feliz vida y mucha montaña, nos vemos el 15 de Enero.
Os dejo con un bonito fragmento de la carta de Jorge Egocheaga a Iñaki Ochoa que alguien escribió, muy acertadamente, en las felicitaciones navideñas: 


Sí, nuestras botas están repletas de agujeros. A través de ellos intentamos que la vida fluya, evitando corsés, paredes, prejuicios. Si cerramos las manos, solamente podremos recoger un montoncito de arena del desierto; si abrimos nuestros dedos, toda la arena del mismo podrá pasar a través de ellas. Intentamos ser conscientes de que la vida son problemas y sufrimientos, pero también felicidad y amigos, de que no hay cielo sin infierno y viceversa, de que somos seres intrascendentes y por ello, insignificantes entre la inmensidad del cosmos. A través de los agujeros de nuestras botas intentamos escapar de esos micromundos que pretenden endiosarnos en un universo virtual.
Nuestro camino hacia las montañas es nuestro camino de vida. Lugares, personas, vivencias, viajes, se condensan en la construcción de una senda de la que no nos queremos desligar.
Somos aquello que no conocemos pues somos presente que se proyecta de inmediato hacia un futuro incierto, pero resurge ante experiencias nuevas, inexploradas con anterioridad, somos un cúmulo de sensaciones y vivencias pasadas y por pasar, somos un tejido de interrelaciones con la tierra, sus gentes, sus vivencias, sus paisajes, sus montañas. Somos parte del viaje.


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miércoles, 5 de enero de 2022