jueves, 24 de mayo de 2018

Vegarredonda (12 mayo 2018)

Nuestros Picos, esas hermosas y salvajes torres calizas, tan singulares, tan caóticas, llegan a su primer centenario.


Bueno, estas jovencitas no (ya llevan a sus espaldas algunas decenas de millones de años, desde la orogenia alpina) sino el Parque Nacional Picos de Europa, el primero de España, creado en 1918 con la idea de proteger este paraje inigualable, y conseguir en la medida de lo posible, un equilibrio entre el ser humano -presente aquí desde tiempos inmemoriales- y la naturaleza.

Tres macizos principales lo conforman, de oeste a este:
  • Occidental o Cornión (Peña Santa 2596m)
  • Central o de los Urrieles (Torrecerredo 2648m y el mítico Urriellu 2510m)
  • Oriental o de Ándara (Morra Lechugales 2444m)

Acotados y separados por los ríos:
  • Sella y Dobra  (por el oeste)
  • Cares (separa m. occidental y central) 
  • Duje (separa m. central y oriental)
  • Deva (por el este)


Se llamó originalmente Parque nacional de la Montaña de Covadonga, cubriendo por entonces sólo el macizo occidental. Y fue impulsado por el gijonés Pedro Pidal, primer alpinista en coronar el Urriellu, y al que pretendemos visitar hoy en el Mirador de Ordiales (dos años después de la última vez).

Allí, grabado en la roca, está su conocido y poético epitafio, donde reposan sus restos:

Enamorado del Parque Nacional de la Montaña de Covadonga, en él desearíamos vivir, morir y reposar eternamente, pero, esto último, en Ordiales, en el reino encantado de los rebecos y las águilas, allí donde conocí la felicidad de los Cielos y de la Tierra, allí donde pasé horas de admiración, emoción, ensueño y transporte inolvidables, allí donde adoré a Dios en sus obras como supremo artífice, allí donde la Naturaleza se me apareció verdaderamente como un templo.

El parque actual cuenta con más de 67000 hectáreas, repartido entre las vecinas regiones de Cantabria, León y Asturias. Con ciertas polémicas y problemas en su gestión, esperemos que dure muchos años más, y que guarde las esencias de este pequeño rincón, tan rico en flora, fauna y etnografía. Y en montañas por supuesto.

Que cien años no es nada, o algo así decía la canción.


Sábado 12 de mayo de 2018

Siempre es un placer madrugar para ir a visitar los Picos. Lo malo que esta vez se nos va a torcer un poco la historia: Raúl debió levantarse con el pie izquierdo (o en su caso el derecho), Calixto igual miró mal a alguien, yo debo estar de lunes. No sé, algo raro pasa hoy.

Alegres y ufanos por la nacional 634, pasamos Arriondas y llegamos a Cangues, parada obligatoria para desayunar en la estación de autobuses, el único bar que en teoría puede atender a 60 personas en un tiempo razonable. Pero no parecen muy alegres de vernos y nos sirven un poco de mala gana. En fin, no pretendamos caer a todo el mundo bien.

¡Seguimos a Covadonga! En el santuario nos reciben una niebla espesa... y también los guardas del parque, que custodian el acceso a la carretera de los Lagos, cada vez más cerrada al tráfico particular. Por algún error administrativo u olvido, no nos quieren dejar pasar, ya que hay que pedir permiso con antelación al Consorcio de Transportes de Asturias. Lo hicimos (somos serios y formales) pero parece que se traspapeló. Aburridos esperamos media hora a que se resuelva el entuerto, con las ganas que teníamos de caminar. Cabreo aumentando.

Por mi nos dejamos de milongas y privatizamos la carretera de una vez, y de paso le cambiamos el nombre al lago Enol por LASA "lago de los autobuses Ḷḷuarca sociedad anónima". Otro caso más de infraestructura creada con dinero público y saqueada (ups gestionada quería decir) por lo privado. Ahora ya desde mayo la carretera es suya con un horario cada vez más restrictivo.

Somos positivos y no permitimos que esto nos amargue el día, así que en un rato estamos caminando por la Vega de Enol como si nada. El cielo amenazante parece querer descargar sus aguas sobre nosotros en cualquier momento, y la vista de las torres santas cargadas de nieve hasta los topes nos auguran que va a ser imposible subir hasta el mirador.

A la vera del lago Enol no hace mucho sol

Las peñas santas con "algo" de nieve. 2018, año de nieves, año de bienes (para los de siempre)

Estos días primaverales en Asturias son un misterio, y cuando se elige la indumentaria hay que jugársela. Tan pronto sale el sol, como nieva. ¿Llevo pantalón corto? ¿Pongo crampones? ¿Cojo el bañador por si me doy un chapuzón en el lago? Dudas existenciales de las mañanas de los sábados.

La subida al refugio de Vegarredonda es de sobra conocida por nosotros, y atraviesa unos cuantos lugares muy transitados de los Picos: la pista de Vega de Enol, Pandecarmen, el pozo del alemán (Roberto Frassinelli, el alemán de Corao), las preciosas praderías de Vega la Piedra y Vega de Canraso, la majada de Rondiella y finalmente el collado de la Gamonal, tras el cual se llega al refugio. Es un camino fácil, pero aparece la niebla y la nieve, así que nos agrupamos para ir más seguros. No es la primera vez -ni será la última- que alguien se pierde por aquí.

Más nieve por favor, que no nos cansamos

Refugio de Vegarredonda (1460m) y GM Uniovi

Guardo un grato recuerdo de todas las veces que dormí en este lugar, con el Grupo de Montaña Uniovi va a hacer dos años. Una noche cené una paella riquísima aquí -mmmm-.

Hay demasiada nieve y se decide no continuar hasta Ordiales. Es una lástima, el marqués tendrá que recibirnos para otra vez. Aunque creo que no íbamos a ver mucho desde el mirador... Así que, aunque no nos dejan usar el baño, que está cerrado con llave, paramos a comer aquí, unos en el refugio y otros fuera. Jefe no te enfades más o te saldrá una úlcera. Yo ya empiezo a ver las cosas de otro color, en concreto verde, verde como el orujo de hierbas que me tomé de postre.



Sin más alternativas que bajar, y aunque se está muy a gusto dentro del refugio, retrocedemos por donde vinimos y la primavera asoma en algunos momentos, deleitándonos a veces con rayos de sol y las vistas bonitas que nos privó antes la niebla. Qué bonitos son los Picos.

Llegamos al aparcamiento del Lago Enol y el autobús no está, y tampoco hay cobertura de teléfono. Y empieza a nevar a todo trapo -este tiempo está más loco que la gente-. Tranquilos todos, vivaquear aquí no sería tan malo. Después de un rato el autobús aparece: la mitad del aparcamiento estaba ocupado por el avituallamiento de una carrera y la otra mitad es propiedad de la famosa empresa de autobuses, que nos echa de allí. Cabreo máximo. Necesitamos matar a alguien, también nos sirven unas cervezas.

Volveremos aquí en situaciones más propicias. ¡Nos vemos en las Ubiñas!

La galería completa de fotos en flickr

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