jueves, 31 de enero de 2019

Cobijeru - Andrín (19 enero 2019)

Seguimos con montañeros del Grupo -con pluma anónima- que se animan a probar su estilo, hoy en el costa oriental asturiana.

Mares y montañas, son las costas asturianas

La primera ruta oficial de cada año calendario es una costera. Hay mucha demanda para las rutas costeras y todos los asientos tienen sus dueños ilusionados por la brisa del mar y la facilidad técnica del camino para recorrer a pie. Después de tantos días festivos, el cuerpo pide movimiento y la ruta cerca del mar nos prepara también para las siguientes salidas más exigentes. Nos esperan 14km de imágenes oníricas. En pleno inviernu mitigamos con el letargo invernal y con el mal tiempo. De allí el dicho “buen enero y buen abril, nunca los verás venir”. Hay que entender a la gente que llega un poco tarde al bus.

Mucha ilusión por ver de nuevo a la gente de siempre y dar la bienvenida a la nueva. Decidimos contar más por el camino y nos ponemos en marcha. Salimos de Oviedo por la A64 y continuamos por la Autovía del Cantábrico A8. Las historias fluyen entre nosotros como la velocidad del bus. Desde lejos se ve el mar: “El mar sonríe a lo lejos. Dientes de espuma, labios de cielo” (Federico García Lorca). Los pensamientos empiezan a flotar. Y para no hundirlos paramos en un sitio en el concejo de Llanes para desayunar y tomar una infusión o un café para calentar el cuerpo. Pequeñas alegrías para ignorar el cansancio mental.

El mar sonríe a lo lejos. Dientes de espuma, labios de cielo

El conductor nos deja en el pueblo Buelna y nos acompaña andando hasta el complejo Cobijeru. El aire puro y tembloroso nos envuelve en la frescura de la naturaleza libre de artificios. El camino es fácil, muy bien marcado y las sendas nos quitan la preocupación por el barro. Hasta llegar a la cueva de los Ijancanos, por supuesto. Es muy fácil pasar de ella si no hubiera expertos en el grupo preocupados por regalar la mejor experiencia de un viaje. La cueva es pequeña y plagada con estalactitas. Una joya sin salida al otro lado. Silencio para procesar este lenguaje poco conocido. Con precaución por el barro que nos desequilibra, salimos y nos orientamos hacía un bosque pequeño con árboles bailando en el ritmo del mar.

Playa de Cobijeru

La cueva, el mar y l'espumeru

¿Quién iba a decir que al salir del bosque te encuentras con una mini playa diseñada para los seres mitológicos asturianos? Me esperaba ver duendes, espumeros y sirenas. La playa de Cobijeru es una de las pocas playas interiores con la arena muy fina y “agua tan clara que se podía/ leer un libro a través de ella./ Un agua tan viva y tan densa que se podrá/ flotar apoyando el codo el ella./ Me tendí allí como en un diván. Me tendí allí como si fuera/ la Odalisca roja de Matisse./ El agua era mi extraña flor.” (Anne Sexton- “Nadando al desnudo”) El sitio perfecto para hacer amoterapia.

Y la experiencia inédita no termina aquí. Nos invita la Cueva de Cobijeru, comunicándose con el litoral a través de una galería enorme con la exhibición de un tipo de arte creado por un gran artista: el mar. Estamos en la víspera de la luna llena y la marea está más viva que nunca. Una performance espectacular. Miramos tranquilos y cada uno contempla el mar invadiendo la cueva. No pudimos ver la playa de Las Acacias.

La inclemencia del tiempo asturiano nos avisa la llegada de la lluvia. Estamos preparados para todo. Muy rápido pasamos por el bufón de Cobijeru. El mar no es suficientemente agitado para crear un chorro de agua pulverizada. Parece más el grito de un dragón escondido en las entrañas de los acantilados encrespados. Nuestros guías nos indican el Salto del Caballo, un puente natural de piedra caliza con las huellas de las olas. Hay pescadores en el puente. Les interrumpimos el silencio.

En el salto del caballo

 Pescadores, himno marinero asturiano

Dejamos atrás el conjunto cárstico reconocido como monumento natural por el Plan de Ordenación de los Recursos Naturales de Asturias. Fue la parte mágica de nuestro corto viaje.

Seguimos caminando por la senda que nos lleva hasta Pendueles. La experiencia vivida en el complejo dio lugar a la sabiduría popular de cada uno. Hablamos más de leyendas y lugares míticos en varios países. A lo lejos se escuchan pequeños bufones. Es muy fácil a veces confundir el ruido de un bufón con un trueno. El cielo no para la lluvia. Lo único que le falta al grupo es un pluviómetro. Es mejor hacer un descanso. Se acerca la hora del vermú. Llegamos a Pendueles y decidimos quedarnos allí para protegernos de la lluvia y recuperar fuerzas. La fame es capaz de silenciar hasta nuestro grupo. Como siempre repartimos entre todos el postre. Si es algo casero, mejor. Pero el turrón nunca falta en invierno. Aunque echamos de menos a Ana Mañanes y sus variedades de turrón, mamá pato y Maite se encargan de continuar la costumbre. El grupo parece cansado y el vermut y las bebidas calientes nos hipnotizan y nos olvidamos de la ruta.

Con ganas de llegar al chigre

Con dificultad, nos ponemos en marcha por las calles del pueblo hasta llegar a la senda que nos lleva hasta los bufones de Arenillas. Casi perdimos algunos por el camino, pero esperamos para agruparnos y seguimos en la compañía de la lluvia y el olor salado del mar. Los chorros de agua pulverizada nos impiden acercarnos a los acantilados encrespados. Un espectáculo merecido. La naturaleza siempre nos regala lo inolvidable. Los bufones se centran entre las desembocaduras de los Ríos Purón y Novales. Unos kilómetros después, el río Purón nos deja mirar sus aguas claras desde un puente de madera. El bosque de eucalipto tiene su encanto cuando el fruto de sus flores caen al suelo. Al pisarlos nos limpian las vías respiratorias sus esencias. El final de la ruta se acerca y el pueblo sin gente y casas con una arquitectura moderna y lejana al diseño asturiano tradicional, Andrín, nos revela el bus para llevarnos a casa.

Bufón de Arenillas


Río Purón

El viaje termina en la sidrería Europa. Es nuestra forma de celebrar la ruta y estar en contacto con la gente nueva. Somos un grupo grande y siempre aprendemos cosas nuevas. En nuestro grupo las diferencias nos unen. Lo que todos tenemos en común es nuestra pasión por la naturaleza.

Ha sido una celebración excelente para una nueva temporada de rutas. ¡Montañas, nos vemos pronto! ¡Cuidado! A veces se graban escenas de películas por el paisaje rural y la costa del concejo de Llanes.

A la mar fui por naranjas,
Cosa que la mar no tiene
Nadie se atrevió a explicarme
Si las olas van o vienen.” 
 ( canción popular asturiana, “A la mar fui por naranjas”)

Vídeo de la excursión

¡Qué bien escribes! Gracias por el relato.

Pulsa aquí para ver la galería completa de fotos

No hay comentarios:

Publicar un comentario