viernes, 31 de enero de 2020

Luanco - Cabo Peñas (18 enero 2020)

Una tarde oí en un chigre de Luanco
una triste y vieja historia contar,
que entre sidras, vinos y barajas,
relataban las paisanas del lugar.

Trata de un buen mozo y su desventura,
de su azul amor por el intenso mar
y de cómo en aguas del Cabo Peñas
sardina y bonito salía a pescar.

Pero un día, alegre y de romería
su breve existencia le vino a cambiar
cuando de una joven, la bella Carmen,
el cruel destino le hizo enamorar.

Pobre soy, casi nada y poco tengo.
Pero si tú quieres me has de esperar,
a otras tierras partiré, trabajando
paciente, con fortuna he de regresar.

Amor mío, solitaria me dejas
con mis lágrimas, mi mar y mi penar.
Mi corazón guardará la esperanza
de tu vuelta para podernos casar.

De Candás partió entonces en un barco
para a tierras lejanas poder llegar.
En su mente ella, lo que se deja atrás,
cielos más limpios, sueños de prosperar.

Sin embargo frente al barco apareció
una galerna que le hizo zozobrar.
De todos es sabido que de la mar
y su furia nadie consigue escapar.

Lloró la joven muchos años lloró
hasta de espuma su cabello blanquear.
Y dicen que si en Peñas el viento oyes
es ella suspirando: vuelve al hogar.


Al fondo, faro y cabo de Peñes

Qué tiene el mar que tanto nos atrae, y aunque nos apasionen las montañas, siempre nos emociona ir a lugares como el Cabo Peñas, el Norte de nuestro Norte. Así que, como es tradición en nuestro Grupo, la primera excursión de cada año nos movemos hacia la costa para apreciar sus colores, sus olores y sus sonidos.

Pues… ¡todo el mundo al autobús! Que hoy no nos da tiempo ni a dormir: en 20 minutos ya estamos en el bonito pueblo marinero de Luanco. Tomar ahora un cafelito y a comenzar la ruta desde la playa de la Rivera.

Lluanco, ten cuidao, que la mar te va a tragar

El viento sopla del Noroeste, y mientras siga soplando, la lluvia nos respetará.

Atravesamos la playa de Luanco y sus casitas de veraneo (yo me pido una). Saliendo de la villa y siguiendo la ruta costera que atraviesa todo el litoral, nos acercamos hacia la ensenada de Moniello.
Vamos a un ritmo lleno de conversaciones y risas, lento en su discurrir. Hasta desembocar en la playa de Bañugues, la playa de mi infancia, donde pisamos la arena. No hubo valientes que "pisaran" el mar.

Bañugues

Desde la playa empieza la subida a El Monte. A un lado verdes erías, al otro las aguas cantábricas. Al fondo ya se ve el faro. Detrás nuestro montañas nevadas. Por muy conocido que sea este lugar, no deja siempre de impresionar.



Después de un breve y algo peligroso tramo de carretera, bajamos a la playa de Llumeres, de pasado minero e industrial. 

Llumeres

La senda se torna más agresiva en esta zona, al tener un par de cuestas de consideración en la subida a Viodo. Sobre todo se vuelve agresiva porque el viento cesa, y cuando este se marcha, aparece sin remedio aquella (la lluvia).

Faro de Peñes

Foto grupal: 18 enero 2020

Qué pena, justo cuando estamos ya llegando al cabo, tenemos que acelerar la marcha y casi llegar corriendo al Cuatro Vientos para refugiarnos. Casi ni podemos contemplar el faro. Resulta que el Norte de nuestro Norte es un chigre. Así somos.

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